viernes, 20 de enero de 2017

Miedo

Me pongo a mirar el mundo, a las personas que lo conforman y a todo aquello que me rodea y al pensar en el futuro lo primero que siento es miedo. Un miedo inmenso que si no hubiese aprendido a controlarlo me derrotaría en un minuto.
Vivir la vida pensando en el mañana es tener miedo, tenerle miedo a la muerte, a envejecer, a no encontrar un gran amor. Vivo con miedo a despertarme un día, saber que mi vida ya pasó y que termine teniendo la misma vida infeliz o incompleta que la mayoría de las personas que conocí, y en quienes no quería convertirme.
No quiero despertar un día y sentirme sola, sola porque quien me acompaña no me hace feliz, o sola porque quien una vez me acompañó tampoco lo hizo. Sola porque nadie nunca logro que yo deseara su compañía, o sola porque desprecié la compañía de alguien que no lo merecía. Sola. Y no significa que no aprecie mis momentos de soledad, o que no tenga gente que me quiere. Simplemente que para vivir la vida que yo quiero, no quiero estar sola, no porque no pueda, no porque me de miedo, sino porque me parece que terminar mi vida estando acompañada es la mejor sensación de todas.
Crecí pensando en lo maravilloso que el amor es y quizás lo haya idealizado de más. Pero...¿Quien puede culparme? ¿No sería maravilloso? Ojalá todos lográsemos sentir ese amor que las novelas nos cuentan y mantenerlo hasta el final de nuestros días.
Ojalá lograse estar con una persona y amarla para siempre, sin dejar que la rutina y la monotonía nos apaleen por la espalda.
A veces no actúo como me gustaría y actúo como presiento que mi yo del futuro lograría estar más tranquila. No se hasta donde es bueno eso, tampoco se hasta donde es malo.