La lluvia purifica. La lluvia se lleva todo lo malo, lo limpia, lo hace desaparecer. O al menos lo intenta. Creo que necesitamos de más bailes bajo la lluvia, de más besos bajo los chubascos que aparecen cuando menos nos los esperamos. Necesitamos más trotes sin paraguas hasta la parada del colectivo. Necesitamos empaparnos más, dejar de ocultarnos por miedo y empezar a entender que hasta que no enfrentemos lo triste, lo malo, lo doloroso, nunca podremos dejarlo ir, jamás podremos limpiarlo.
Ese miedo nos obliga a llevar paraguas...Un paraguas que nos protege de la realidad, pero a su vez no nos permite vivir libres.
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